domingo, 5 de agosto de 2018

CEDA EL PASO



                                   EL TELÉFONO MÓVIL





Desde que el año 1979 vio nacer la primera red comercial de telefonía móvil (NNT) en Japón, la revolución tecnológica ha puesto a nuestro alcance un terminal con un formato que, seguramente, supera cualquier previsión que se pudiera hacer en aquel momento por muy optimista que fuese.

No voy a hablar de las características técnicas del teléfono móvil. Eso está muy lejos de mi ánimo y de mis conocimientos. Pretendo, solamente, hacer una exposición de lo que todos los días podemos ver en nuestras casas, en nuestras reuniones, en la calle, en los centros de trabajo… Y en la circulación vial.


Es indudable que sus atractivas y prácticas aplicaciones lo han convertido en un instrumento necesario y, en muchos casos, indispensable. Con él, podemos navegar por las redes de tal forma que muchos usuarios ya prescinden del ordenador.

El uso del teléfono móvil nos proporciona una versatilidad que contribuye a facilitar situaciones que, en otro tiempo, tenían mayor complejidad. Podemos realizar trámites sin movernos de nuestro domicilio, con lo que ganamos en comodidad y disponibilidad de tiempo. Efectuamos, por ejemplo, una operación bancaria, hacemos la declaración de IRPF y solicitamos cita en nuestro ambulatorio para una consulta médica en el transcurso de una mañana, y sin salir de casa. Llamamos o enviamos mensajes a familiares o amigos para dar un paseo por el parque, hacer las compras, tomar una copa… Y, además, podemos recurrir a él, cuando tengamos dificultades en la carretera.

La cámara y la mensajería lo convierten en un mundo fascinante. Nos embelesamos contemplando las últimas fotos de nuestros seres queridos. Si alguien de la familia se va de viaje, los que se quedan en casa estarán al día de todos los monumentos, paisajes, comidas y cualquier otra vicisitud del desplazamiento. Y si nuestro vehículo lleva incorporada alguna instalación de manos libres, el “smartphone” nos permitirá: realizar o recibir llamadas, sintonizar la radio, escuchar música o disponer de un navegador.

Pero, como ocurre con todos los símbolos del progreso, está la cruz de la moneda. Por culpa del teléfono móvil, caemos en una serie de nocivas costumbres que afectan a nuestra vida cotidiana y, paradójicamente, su uso puede ser molesto en los mismos ambientes sociales en los que, en el momento adecuado, son útiles. Tiene, por consiguiente, sus efectos secundarios, que aparecen cuando pasamos del uso al abuso, o mal uso: cuando nos enganchamos a las redes sociales, convirtiéndonos en potenciales víctimas de acoso, piratería y otras estafas que proliferan en las mismas redes que utilizamos para solaz y entretenimiento; cuando nos aislamos en las reuniones familiares o de amigos; cuando caminamos por la calle ajenos al mundo que nos rodea; y, lo que es peor, cuando lo utilizamos conduciendo un vehículo.

En el momento actual, con el 2018 dando sus primeros pasos, tenemos dos herramientas que se nos antojan ineludibles en el transcurrir de la vida diaria: el teléfono inteligente y el automóvil. Pero si reflexionamos un poco, sin ánimo de ser catastrofistas, las dos herramientas se pueden convertir en un arma mortal… Impedir que eso ocurra, está en nuestras manos.

Familia de TODOMOTOR, a disfrutar del móvil.

Fernando Monge
13/enero/2017
fmongef@gmail.com

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