miércoles, 23 de noviembre de 2016

DIEZ RAZONES MÉDICAS PARA DEJAR DE CONDUCIR

Asistimos estos días a la recurrente polémica de si había una edad límite para conducir y si esta debía imponerse por ley. Como se ha demostrado en la práctica, las aptitudes al volante no dependen tanto de los años del conductor sino de su estado de salud (hay pilotos de competición en activo muy veteranos).



Existen una serie de patologías, no siempre relacionadas con la edad, que pueden llegar a ser incompatibles con la conducción de vehículos. Será siempre una evaluación médica del sujeto la que determinará su aptitud para conservar el permiso de conducir. Aunque el propio conductor debe ser también consciente de sus limitaciones y renunciar a ponerse él mismo y a los demás en peligro aunque sea por un problema de salud transitorio. A continuación se enumeran un conjunto de enfermedades por las cuales, atendiendo siempre a su gravedad, se desaconseja a quienes las padecen ponerse al volante de un vehículo.

1) Enfermedades neurológicas: trastornos de la psique, esquizofrenia, epilepsia o trastornos graves del sueño como la narcolepsia.

2) Enfermedades neurodegenerativas: Parkinson, Alzheimer, esclerosis, atrofia muscular, etc.

3) Enfermedades de la visión: miopía, glaucoma, degeneración macular, cataratas, diplopía (visión doble), blefaroespamos (parpadeos incontrolados) o cualquier afección ocular que reduzca o afecte de forma importante la visión en ambos ojos y que no pueda ser compensada mediante lentes o cirugía.

4) Enfermedades circulatorias: insuficiencias cardiacas severas, cardiomiopatías, hipertensión grave, arritmias, como las más destacadas dentro de un largo etcétera.

5) Enfermedades respiratorias: insuficiencia, disnea, asma crónica severa...

6) Enfermedades del equilibrio y la coordinación: afecciones que alteren el sentido del equilibrio y que puedan desestabilizar al paciente de forma permanente o pasajera, afecciones que provoquen convulsiones o descoordinación motora.

7) Enfermedades paralizantes de los miembros superiores: parálisis que no puedan ser compensadas con prótesis o adaptaciones del vehículo.

8) Enfermedades mentales: psicosis, depresión o dependencias.

9) Enfermedades reumáticas graves: artritis con limitación del movimiento articular, artrosis invalidantes, etc.

10) Enfermedades metabólicas y endocrinas. Por ejemplo, algunos tipos de diabetes y su tratamiento por insulina o hipoglucemiantes requieren evaluaciones periódicas del médico porque pueden interferir de forma grave en la conducción.


Además, en un gran número de patologías, de forma indirecta, existen las muy diversas incompatibilidades medicamentosas que impiden la conducción independientemente de la gravedad de la enfermedad que se padezca. Incluso algunos fármacos como los utilizados en el tratamiento quimioterapéutico del cáncer perduran en sus efectos meses después de ser interrumpidos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Solo comentarios relacionados con la información de la página.