domingo, 10 de octubre de 2021

CEDA EL PASO,

 

IRRESPONSABILIDAD

 





El día 14 de mayo de 2021, cogí mi vehículo color gris verdoso y enfilé la Ronda Supernorte para recorrer los 10 Kilómetros casi exactos que separan mi domicilio del Estadio Olímpico. Allí estaba el vacunódromo, y yo iba dispuesto a inocularme la segunda dosis de la vacuna Pfizer. Después de aparcar el coche, caminé hasta la puerta de entrada. Un policía nacional me preguntó si tenía cita y, como mi respuesta fue afirmativa y no había cola, entré de inmediato. Ya dentro del recinto me dirigieron a una máquina validadora en la que una persona encargada de hacerlo tecleó mi DNI y me dio el tique que expulsó el aparato por una ranura lateral.



Un responsable del desempeño de la actividad nos acercó a los boxes para proceder a la vacunación. Entré en el box 1 de la ZONA A, siempre siguiendo las indicaciones del personal, y allí se encontraban sentados: un chico joven y un señor de unos 50 años con el cabello grisáceo que fue el que me atendió. Me hizo las preguntas de rigor y yo también hice la mía: “¿La vacuna aparece pronto en el programa ClicSalud?” “Tardará unos días, pues tengo problemas con la conexión de Internet”, contestó el sanitario. Una joven alta y delgada fue la encargada del pinchazo. ¿Asunto concluido?… Pues no, pasaron los días y en el programa oficial no aparecía mi segunda dosis.

Cuando transcurrieron algo más de tres semanas, acudí al Centro de Salud Mercedes Navarro en el Parque Alcosa y, tras dos horas de espera, un enfermero me facilitó un documento del departamento de vacunas en el que figuraban los datos y la palabra pasada, me dijo que volviera al Estadio Olímpico y que una vez allí me acercara al Centro de Atención al Usuario, pues ellos eran los que podían resolverme el malentendido. La joven que me atendió, sin detenerse a mirar el documento que me había facilitado el enfermero del Centro de Salud, me dijo exactamente estas palabras: “Ah, yo no tengo ni idea. Eso lo saben los médicos y los enfermeros, pero ahora están trabajando y no lo pueden atender. De todas formas, no se preocupe, ha habido un problema informático y en dos o tres semanas aparecerá su vacuna en ClicSalud…” No entro en más detalles de la conversación porque fue esperpéntica. Resulta que la persona que tiene que informar o corregir no tiene ni idea.


A finales de junio, apareció por fin, pero ¡oh decepción!, junto al nombre de la vacuna se podía leer “Fuera de plazo”. “No aplicada”. A comienzos de julio, volví al Centro de Salud y empleé toda la mañana en una larga espera. Detrás de la mampara de asistencia al público, atendían tres personas. Bueno, es un decir. Muchas veces, eran dos; esporádicamente, solo una; y en algunas ocasiones ninguna. Por fin, me recibió una administrativa a la que facilité el número de mi DNI y consultó mis datos en el ordenador. Terminó pidiéndome el número de mi teléfono y me dijo que en cuanto se resolviera el problema, que sería pronto, me llamaría. Parece que aún no se ha resuelto… Así que nada de llamadas.


Harto de ir a diferentes sitios y de esperar la llamada, decidí, el 6 de agosto de 2021, poner una reclamación al SAS, mediante certificado electrónico… El viernes 8 de octubre (dos meses después) recibo una carta enviada por correo postal en la que destacan las siguientes palabras: “Hemos cursado solicitud al Distrito de Atención Primaria de Sevilla, al objeto de que procedan a emitir un informe respecto a lo planteado por usted.” Ante todos estos avatares me hago una larga pregunta: “¿Falta personal, escasea la diligencia y el compromiso de algunos profesionales, falla la Administración o un poco de todo?” Lo cierto es que en mi certificado de vacunación figura solo la primera dosis (23/04/2021) a los cinco meses de administrarme la segunda, y eso es un ejercicio de irresponsabilidad… Que cada uno asuma la parte que le corresponda.


Con mis mejores deseos, saludos cordiales

Fernando Monge

10/octubre/2021

fmongef@gmail.com

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