domingo, 28 de julio de 2019

CEDA EL PASO


EL TALÓN DE AQUILES



En el artículo anterior, mencionamos al rey Agamenón, uno de los héroes de “La Ilíada”, y la mención de este personaje me ha dado pie para contarles algunas curiosidades de la obra que escribió o recopiló Homero en el siglo VIII a.C. no voy a entrar en polémicas sobre su autoría—… En esta obra, se narra la historia épica de la furia de Aquiles en el último año de la guerra entre Grecia y Troya. Porque resulta que Aquiles, siendo solamente un guerrero del rey Agamenón, es el principal protagonista de la epopeya…  Es muy fuerte y colérico, nunca ha sido derrotado, supuestamente es inmortal y, como se le considera el más veloz de los hombres, se le califica como “el de los pies ligeros”.



Aquiles, que busca siempre el reconocimiento y la fama, monta en cólera contra Agamenón que, haciendo uso de su poder, decide quedarse con la esclava Briseida… Esta doncella la recibió el soldado como botín de guerra  y, además, era su favorita, por lo que, enojado con la actitud del rey, se niega a seguir luchando contra Troya. Personalmente, creo que el enojo del héroe estaba más que justificado, pero al producirse su retirada, los troyanos comienzan sus victorias sobre los griegos que pierden cada vez más terreno. Al tener la obra cerca de quinientas páginas, les cuento que, después de una serie de vicisitudes, Aquiles retoma su beligerancia… localiza a Héctor, uno de los más destacados héroes de Troya que, por añadidura, era hijo del rey y, tras dura batalla, le da muerte… lo ata a un carro  y lo arrastra por la playa de Ilión —Troya o Ilión, de ahí el nombre de la obra—. Finalmente, Aquiles se compadece del rey Príamo y le entrega el cuerpo de su hijo Héctor para que lo entierre dignamente… Aquí finaliza la Ilíada.

Ya les dije, en el primer párrafo, que Aquiles era supuestamente inmortal… Su madre quiso hacerlo eterno sumergiéndolo en las aguas del río Éstige… El caudal de este río hacía invulnerable cualquier parte del cuerpo que se mojara en él… Pero como la incauta señora, Tetis, lo tenía sujeto por el talón derecho, esa pequeña parte de su anatomía no se mojó y se convirtió en su único punto débil… En la Etiópida, obra que continúa narrando la guerra de Troya, ​Paris, el hermano menor de Héctor, mató a Aquiles con una flecha envenenada en el talón —por supuesto, hay otras versiones sobre su muerte—… Y de este suceso, toma forma la expresión “talón de Aquiles” para aludir a la debilidad —punto débil— de una persona… En el campo de la anatomía se llama “Tendón de Aquiles” a un tendón que tenemos en la parte posterior de la pierna.

Algún rasgo de nuestro carácter o de nuestra personalidad que nos hace vulnerables, frente a los demás o ante determinadas situaciones, es lo que se conoce como punto débil o “talón de Aquiles”. En la mayoría de los casos, es nuestra mente la que nos convierte en fuertes o débiles, pues, en realidad, somos lo que pensamos. Creo que los éxitos o los fracasos dependen muchas veces de nuestra actitud ante las experiencias a las que la vida nos somete en cada momento. Debemos, ante todo, conocernos bien a nosotros mismos… Siendo conscientes de nuestras debilidades, podemos manejarlas para que nuestros defectos se conviertan en virtudes.

Teniendo en cuenta la dificultad que tendríamos para encontrar personas perfectas, que las debilidades se reparten de manera desigual y que una misma debilidad puede ser muy incómoda para unos, o muy llevadera para otros, vamos a enumerar algunas de las que suelen ser frecuentes: falta de concentración, impaciencia o tozudez. Cualquiera de ellas nos ocasiona frustraciones en la vida cotidiana, bien sea en el ambiente familiar, en el mundo laboral o en las relaciones con nuestros amigos... Y cada una de ellas resulta incompatible con la conducción de vehículos.

Por ejemplo, podemos decir de alguna persona allegada: “qué buena gente es…, si no fuera por su impaciencia, despiste, o tozudez… sería un encanto”. Pero no podemos afirmar de nadie: “qué bien conduce”, si su falta de concentración no le permite estar pendiente de las señales, o de señalizar cuando sea necesario… Si la impaciencia le hace superar la velocidad permitida, tocar el claxon con frecuencia, hacer imprudentes adelantamientos… Si su tozudez le impide colaborar con los otros automovilistas o con los peatones que cruzan por los pasos de cebra… Esos puntos débiles convierten a sus portadores en incómodos conductores y, en algunas situaciones, en sujetos peligrosos.

Saludos cordiales, feliz agosto y, si lo tienen a bien, todos los domingos de este mes podrán leer los artículos más interesantes publicados durante el primer semestre del presente año. Reanudaremos las nuevas publicaciones el 8 de septiembre.

Fernando Monge
28/julio/2019
Sus comentarios, opiniones o vídeos serán muy bien acogidos en mi dirección de correo:
fmongef@gmail.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Solo comentarios relacionados con la información de la página.