domingo, 10 de abril de 2022

CEDA EL PASO

 

                                         OBSTINACIÓN

 



Un obstinado, testarudo o tozudo, en contra de lo que pudiera parecer, no es una persona con un fuerte carácter. Es un individuo con una voluntad sustentada en pensamientos rígidos. Por su actitud egocéntrica, le cuesta escuchar y dialogar ya que no admite que nadie pueda cuestionar sus criterios. Por eso, cuando alguien quiere indicarle otra forma de ver las cosas, se muestra muy susceptible e incluso irritado. Un tozudo reconoce sus límites, pero no le hace ninguna gracia que nadie venga a recordárselos. La comunicación con un testarudo es una tarea difícil porque siempre tiene razón, según él, claro. Siempre pedirá razones de peso para convencerle y cambiar de criterio, pero esa es una tarea imposible porque no está dispuesto a cambiar de opinión. No confundamos al tozudo con el perseverante ―persona que tiene las ideas claras y sabe lo que quiere, por lo que suele ser constante hasta la prosecución de lo comenzado―, en cambio, el obstinado, cuando ve que el viento no sopla a favor, deja lo que está haciendo y hace mutis por el foro culpando a lo demás del fracaso.

Debajo de esa coraza de persona implacable se esconde un individuo inseguro, que no sabe manejar su miedo de otra manera que no sea levantar muros entre él, la realidad y los demás. Para ello acude a los más banales argumentos, presentando, si lo considera necesario, algún fatuo documento que le dé la razón. Debido a ese muro que levanta frente a la realidad, si su equipo favorito pierde, siempre habrá alguna mano negra detrás de la derrota: árbitro, VAR o hasta influencias políticas. Prefiere pasar por arrogante que hacerlo por vulnerable, porque eso significa mostrar debilidad. La vida para un testarudo es una lucha permanente con los demás y consigo mismo, ya que es difícil ser feliz cuando se entiende la vida y las relaciones personales como una guerra. Y como no escucha, no aprende y tiende a repetir una y otra vez el mismo patrón.


Por culpa de ese repetido patrón, el terco acaba cansando y perdiendo credibilidad ante las personas con criterio y conocimientos; pero, aunque parezca increíble, por la rotundidad, carente de propiedad, que manifiesta a la hora de exponer sus argumentos, también encuentra seguidores, con escaso entendimiento, que reafirman todo lo que se le ocurre al tozudo y se aúnan a su palabrería con la mayor sumisión… Lo malo es que esa postura sumisa ralentiza la diligencia de algunas gestiones y provoca desagradables barahúndas.

Concluiremos diciendo que pretender tener siempre la razón es una gran responsabilidad que puede llegar a pesarnos como una losa… Admitir que no somos perfectos, entender las relaciones personales como un apoyo mutuo, asumir que los que te rodean tienen mucho que enseñarte y decir las cosas en el sitio adecuado y a la persona adecuada, evitando el zascandileo, te ayudará a evitar enfrentamientos innecesarios.

Feliz Semana Santa y saludos cordiales.

Fernando Monge

10/abril/2022

fmongef@gmail.com

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