domingo, 23 de abril de 2017

LA OPINIÓN con José Luis Vilaplana

Benjamin Franklin

¿De verdad necesitamos tantas normas de tráfico?


Es verdad que las sensaciones que uno tiene de las cosas que pasan en tu vida son las que te marcan en la forma de pensar y de sentir, es cierto que nos movemos en un mundo de normas, de reglamentación y de imperativos legales.
Pero no debería ser prioritario el respeto y la educación, se llama vial en este campo, pero es simplemente educación.
Circulaba el otro día en mi motocicleta, y en una avenida grande de Sevilla con varios carriles, pero con el carril derecho ocupado con una doble fila intermitente, no me quedaba más remedio que circular por el carril izquierdo, si no quería estar jugándome la vida, os recuerdo mi post de UN DÍA MAS y circulando a una velocidad legal, y justo detrás de un vehículo en pleno cruce decide parar para girar a su izquierda (partimos de la base que era un semáforo con una enrome señal sobre el semáforo de prohibido girar a al izquierda, pero en realidad daría igual si no estuviera la señal), es evidente que tuve que frenar y maniobrar como puede para evitar
chocar la parte trasera del mismo (obviamente por que respetaba la velocidad, pero también la distancia de seguridad) pero el susto MAYUSCULO me lo llevé.

No quiero con esto, centrarme en el motorista que lo soy, básicamente ya sólo para trabajar y poder llegar a los sitios a tiempo, sin tener luego que aparcar en doble fila o evitarme las multas por mal aparcamiento, si no que si lo trasladamos al coche, hubiera sido peor, pues hubiera sido inevitable el choque, incluso con velocidad medida y distancia de seguridad correcta, ya que el imprevisto, la menor movilidad del coche  y el “me acabo de acordar que mejor entrar por aquí a donde voy…” no es previsible ni por el mejor de los “médium”.
Porque insisto en esto tanto, pues sencillo, aquí es indiferente que luego pueda ir a un abogado, compañero mío que me proteja frente a una increíble imprudencia penal que me ha ocasionado en el mejor de los casos unas mínimas lesiones, pudiendo ser graves e incluso mortales, y que más tarde o más temprano una compañía de seguros me indemnice con el paso del tiempo, me es también indiferente que en el carril de enfrente existiera un coche de la policía local y le multara por una imprudencia grave con motivo de la circulación y le sancionaran con mínimo 300€ y le retirarán 5 puntos del permiso de conducir, todo eso es indiferente, lo diferente es DARNOS CUENTA QUE NO VAMOS SOLOS, que la circulación es un ejercicio de educación, respeto y podemos hacer daño a los demás y a nosotros mismos, hasta que no nos demos cuenta de esto, solo nos quedará el tan manido “…hombre no te ha pasado ná, no te he visto…” Narices¡¡¡¡¡¡ claro que no me has visto, pero ese es el problema, es que al conducir los sentidos tienen que estar al 100% y si es posible más ¡¡¡ mejor. No nos podemos permitir NO VERLO.

Las normas están bien, pero la conciencia de lo que significa conducir y el riesgo que tenemos y provocamos sólo con entrar en una máquina de más de 1.000 Kilos, debería ser puesto en valor y ¿provocar TERROR?

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