domingo, 8 de julio de 2018

CEDA EL PASO


BENEFICIOS DE LA LECTURA

Si nos acercamos a los manuales de psicología infantil, podemos comprobar que los primeros recuerdos que conservamos suelen corresponder, aproximadamente, a los 3 años y medio de edad. Si tenemos en cuenta que casi todas las personas aprendemos a leer después de esa edad, la iniciación a la lectura la llevamos grabada en la memoria como una de las experiencias más gratificantes de nuestra vida. Y es que cuando, por fin, conseguimos la comprensión lectora, después de una etapa de aprendizaje, se nos abre un mundo nuevo.


Yo viví ese alucinante proceso en la década de los 50. El estudio de la “Enciclopedia Álvarez”, en sus grados: primero, segundo y tercero, ocupaba la mayor parte de nuestro tiempo dedicado a la lectura, pero en los ratos libres de las obligaciones escolares, leíamos libros de cuentos y tebeos —“El Capitán Trueno” o “El Jabato”, los niños; y de “hadas”, las niñas—. De esa forma se fomentó una afición que se enriquecería más adelante con libros como Platero y yo, magistral obra del Premio Nobel Juan Ramón Jiménez (1881-1958) y El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, obra cumbre del “Príncipe de los Ingenios” Miguel de Cervantes (1547-1616). Con el tiempo, para los que no hemos abandonado ese hábito, se fueron sucediendo obras y autores que conformarían un interminable catálogo que no viene al caso, porque lo que pretendemos en este escrito es poner de manifiesto los beneficios de la lectura.

La lectura, sin entrar en erudiciones psicológicas, es para los que la practicamos uno de los mejores  y más económicos entretenimientos, más una fuente de cultura. Con ella, según género, viajamos, nos reímos, nos emocionamos… Además, el hábito lector ejercita y flexibiliza la memoria, amplía el vocabulario, potencia la imaginación, perfecciona la escritura, nos ayuda a concentrarnos y mejora la comprensión;  las personas lectoras desarrollan más sus habilidades comunicativas porque mejoran su oratoria: “A hablar no se aprende hablando, sino leyendo” —Cicerón, filósofo y orador romano anterior a Cristo—. Y por si todo lo dicho no fuera suficiente, vamos a concluir diciendo que hay pruebas fehacientes de que, también, previene el declive cognitivo y puede retrasar o impedir la enfermedad de Alzheimer.

Como hemos visto que la lectura incrementa las capacidades de concentración, análisis e interpretación de textos, es indudable que con esas capacidades estaremos en óptimas condiciones de introducirnos en un ejemplar que, en algún momento de nuestra vida, casi todos acabaremos leyendo y memorizando: El manual del permiso B de la DGT… Su lectura nos resultará más llevadera, lo comprenderemos mejor y mantendremos en nuestra memoria normas y señales de tráfico que nos serán de gran utilidad para conducir vehículos y caminar por la vía pública.

Otro factor importante es que, cuando esa práctica se convierte en hábito saludable, estaremos más predispuestos a leer las revistas de motor, los anuncios sobre prevención de accidentes que aparecen en todos los diarios y semanarios, los manuales didácticos sobre Seguridad en el Tráfico… Probablemente incorporemos al entretenimiento de nuestros pequeños algún cuento adaptado a la Educación Vial —“La selva de Mario” o “Silvia y su triciclo”—… Prestaremos más atención a las advertencias que nos invitan a la prudencia,  que pueden aparecer, por ejemplo, en las vallas publicitarias, en los paneles informativos que la DGT distribuye por las autovías…

En definitiva, como todas esas buenas costumbres nos ayudarán a ser más responsables, estaremos mejorando la calidad del tráfico y evitando accidentes… Señales evidentes de los beneficios de la lectura.

Familia de TODOMOTOR, a continuar disfrutando del verano.

Fernando Monge
8/junio/2018
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