sábado, 6 de abril de 2024

LA ROTONDA

 

DE HIJOS A NIETOS

 



Hace algunos años, cuando formalizamos nuestra manera de vida, entroncando nuestra vida con la de otra persona para que de esas raíces brotaran nuevas ramas, visualizamos una proyección de futuro por una forma de vida racionalizada con nuestro tiempo. El padre iba en busca del sustento para todos, la madre, desde muy temprano, atendía a todo; la crianza de los niños, el aseo del hogar, todas las comidas del día, la ropa, el colegio, el médico, etc. Ella estaba para todo.

Con el paso del tiempo, todos, padres, hijos, abuelos, nos hemos dado cuenta de que el papel de la mujer en nuestra vida ha sido predominantemente imprescindible. Hoy, todos optamos por prepararnos para la vida, ellos y ellas, se dejan su adolescencia en los estudios para que el día de mañana sean grandes profesionales de la tarea que han decidido representar en sus vidas. Médicos, abogadas, juezas, electricistas, conductoras de autobuses, policías, todos han decidido dedicar su vida a sus profesiones por las que tanto han luchado y preparado.

¡Ahora bien! Cuando se trata de conciliar la profesión y la familia, entramos en uno de los vericuetos más difíciles del siglo XXI. Si antes era él quien se iba al alba y llegaba de noche, ahora son los dos. ¿Y los hijos? Largas horas de escuela, clases extraescolares y comida cuartelera a nivel catering. Todo el santo día fuera de casa, con profesores, compañeros, monitores, la nueva familia de los niños. ¡Ah! y los abuelos, que son los que llevan y recogen a los niños del colegio, se quedan en casa todo el día cuando se ponen enfermos. Esas personas, que han pasado toda su vida buscando soluciones a sus responsabilidades profesionales y domésticas, vuelven a revivir tiempos pasados, pero con 30 o 40 años más, y dejando a un lado sus vidas de ilusiones, descanso y responsabilidades, para engancharse de nuevo a otra vida, más de lo mismo.

Antes, las parejas casi no podíamos contar con los abuelos porque la longevidad era más corta y siempre faltaba alguien, el padre o la madre, o se encontraban enfermos. Y había que ponerse de acuerdo para que el cariño de los niños no se notara mermado. Y ahí, en ese momento, unos tenían que ceder a una serie de responsabilidades que tenían que ser compartidas. Entonces, la conciliación en el trabajo no era tan laxa como es ahora, en permisos, días propios, etc. Hoy queremos ser grandes profesionales, grandes padres o grandes abuelos sin exponer nada, solo nuestro trabajo.

Con afecto y respeto,

Pepe Bejarano

todomotornews@gmail.com

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