sábado, 27 de septiembre de 2014

LA ROTONDA



Son las historias de cada día, las que mueven nuestras conciencias. Tenemos que reparar un instante en lo que podrían ser nuestra vida hoy, si aquel día no hubiera ocurrido lo contrario de lo que ocurrió.
“Nunca bebo cuando conduzco.” Hasta ahí todo está claro. El problema es cuando bebes antes de conducir. Sin entrar en tecnicismos que son muy importantes para un estudio exhaustivo del porqué se producen  los accidentes, etc…

¿Quien no ha tomado una copa?., dos y hasta tres, y después ha cogido el vehículo pensando que “no pasa nada”. A muchos se nos viene a la cabeza la multa que vamos a tener que pagar, los puntos que nos van a quitar, o si no estaremos cometiendo un delito contra la salud pública.
No amigas y amigos, ese no es el tema. Cuando has bebido y te dispone a conducir un vehículo, lo más normal es que pongas en peligro tu vida o la de los demás. Causando una cantidad de circunstancias trágicas en cadena para tu familia y la de los demás involucrados en el accidente. Ahí es donde está el problema.

La multas las pagas o no, los puntos los pierdes y los recuperas, incluso puedes hasta que duermas una noche en comisaría, pero lo que no podrás es recuperar nunca más es tu vida o  la de aquella que quites por tu imprudencia, negligencia o mala cabeza.
Esto ocurre a diario, y los fines de semana hasta con mayor frecuencia. La mayoría de las veces, el susto se convierte en una advertencia, pero aquel que le suene la campanita de las desgracias, ahí, no hay vuelta atrás y todo se convierte en un desastre del que nunca más volverás a olvidarte.

Y saben que es lo peor, es que todos hemos tenido un amigo o un familiar que ha pasado por eso y pensamos que nunca nos va a tocar a nosotros.
Pero lo mejor, es que todavía estamos a tiempo de evitarlo.

Es como una nueva oportunidad para VOLVER A EMPEZAR.

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