sábado, 10 de junio de 2017

LA ROTONDA

NO ESTAMOS LOCOS ¿SABEMOS LO QUE QUEREMOS?


Cuántas veces hemos diagnosticado una enfermedad psicológica a un conductor desde nuestra tribuna, ya sea:

como otro conductor, como peatón, o sencillamente porque pasábamos por allí.

Y además sin ser especialista en psicología o psiquiatría. Da lo mismo. Hemos sido testigo del enterado/a que ha invadido un carril sin avisar o avisando. O hemos contemplado como un vehículo se saltaba un semáforo poniendo en peligro a las personas que en ese momento iban a cruzar la vía. O aquel otro conductor, que iba zig zageando creyéndose un piloto de carreras por medio de la ciudad.
¡Van como locos! ¡Está sonado! ¡Están como una cabra!

¡Has visto el tarado/a que nos ha visto y se ha saltado el stop!

Sin ser un especialista en la materia, me atrevería a decir que ¡hay mucho loco/a suelto/a que no debería de conducir ningún vehículo!

Es evidente que la personalidad de un individuo es un aspecto determinante de la conducta de la conducción. Según datos, se ha llegado a la conclusión de que los factores que más influyen en los accidentes de tráfico suelen ser de tipo temperamental y de carácter; y que el mayor número de accidentes suelen manifestar cierta inmadurez de su personalidad de su humor, de actitud de riesgo, osadía, comportamiento arbitrario y descontento en alguna faceta de su vida familiar, laboral o personal. Las enfermedades psíquicas tienen cada vez más auge en nuestra sociedad, sin distinción alguna, por lo que se están convirtiendo en una auténtica epidemia. El estrés o la depresión afectan cada vez más a la población española, y sin lugar a duda son enfermedades que tienen su incidencia en aquellos que son conductores.


CONCLUSIÓN:

La práctica de la conducción requiere una gran concentración, algo que se olvida con frecuencia, y este tipo de enfermedades disminuye considerablemente la capacidad del conductor para concentrarse en los estímulos externos imprescindibles para una conducción segura.

Es evidente que, si tenemos una minusvalía física o psíquica, NO DEBERÍAMOS CONDUCIR UN VEHÍCULO.

 Que hay que ser más rigurosos con los controles psicotécnicos y con los exámenes médicos, EVIDENTEMENTE. No se debe conducir si no se está capacitado para ello. ¡No es tan difícil!

Si se tiene depresión y se es conductor habitual se debe acudir a un especialista de forma que se determine el tipo de depresión y la terapia a seguir. Si está bajo los efectos de alguna terapia farmacológica debe tenerse en cuenta que estos fármacos pueden producir alteraciones que afecten directamente a la conducción.

Si se está en una fase aguda de depresión, debe evitarse el uso del vehículo ya que aumentan las posibilidades de sufrir un accidente.


El ritmo de vida acelerado, la sobrecarga de trabajo, problemas de inseguridad o frustración profesional, la excesiva estimulación ambiental, marcarse metas excesivamente elevadas, trabajar en un ambiente excesivamente competitivo, son alguna de las situaciones que pueden dar lugar a la aparición de estrés.

Es evidente que por una razón u otra hay personas que hoy por hoy no son apta para conducir por razones psicológicas, y no deberían ponerse al volante de ningún vehículo.
Es un acto de responsabilidad por parte del conductor/a ponerse a los mandos de un volante sin se está medicando o tiene una enfermedad psicológica que puede poner en peligro su vida o la de los demás. También es un acto de responsabilidad, no beber o drogarse mientras se conduce y los datos me remito.

En fin, algunos y algunas por su forma de conducir ¡están como verdaderas cabras! Y NO ESTAMOS LOCO Y SABEMOS LO QUE QUEREMOS…
Familia, buen fin de semana.

Pepe Bejarano.