domingo, 6 de junio de 2021

CEDA EL PASO

 

“A OJO DE BUEN CUBERO”

 






Se utiliza la expresión «a ojo de buen cubero» cuando medimos algo sin rigurosidad, sin la ayuda de ningún tipo de peso o medida. Al parecer, según diversas fuentes, el origen de la expresión estaría relacionado con el antiguo oficio de cubero, persona que, de forma artesanal, fabricaba las cubas una especie de bidones o tinajas en las que se almacenaba el vino. Como la cuba era, además de un recipiente, una medida de capacidad, y no existía, o no se utilizaba en el oficio del que hablamos, ningún tipo de artilugio para la medición, la exactitud de la capacidad de la cuba dependía de la experiencia y habilidad del cubero.

Por lo tanto, el dicho “a ojo de buen cubero” se refiere al hecho de medir algo o hacer alguna valoración valiéndose única y exclusivamente de las imágenes o impresiones que captemos por los órganos de los sentidos.

El SEAT Ritmo de color blanco circula por la carretera de Cádiz. Tráfico fluido, velocidad adecuada, con un sol que presagia un caluroso día de mediados de julio de 1982. Cinco días antes, la selección italiana de Paolo Rossi se proclamó campeona del mundo venciendo 3-1 a la poderosa Alemania en el Santiago Bernabéu. España, con una mediocre actuación deportiva de nuestra selección, había sido el escenario de la celebración de la Copa Mundial de la FIFA, con su mascota Naranjito y la euforia del presidente italiano Sandro Pertini (86 años), celebrando en la final los goles de la squadra azzurra (equipo azul).

El conductor tiene algo más de treinta años, su cuerpo es delgado y de estatura mediana, el cabello castaño le cubre la parte superior de sus pequeñas orejas y el cuello… Porta gafas de sol. Viste un polo verde con pantalón vaquero y calza unas deportivas. En el asiento del copiloto, una mujer de la misma edad, esposa del conductor, muestra una larga melena de similar tonalidad al cabello del chico, su agraciado y sonriente rostro, protege sus ojos marrones con cristales de color crema y elegante montura. Su cuerpo delgado y algo más bajo que el de su compañero luce una camisa rosa, una falda variopinta y zapatos planos.

En el radiocasete del SEAT Ritmo suenan: “Ticket to ride” de Los Beatles, “Flor de Luna” de Santana, “Lola” de Los Brincos… Cuando el conductor mira por el espejo retrovisor y comprueba que en la lontananza se aprecia la imagen de la pareja de motoristas de la Guardia Civil. Delante circula un pequeño camión con cierta lentitud. El coche blanco lo adelanta con holgura y se vuelve a colocar en el carril derecho. Junto a la cuneta se avistan hierbas secas y descoloridas. En pocos minutos, el retrovisor delata que los agentes de Tráfico están casi pegados al turismo. Uno de ellos lo adelanta y agita el brazo derecho para que se detenga en la explanada del Cruce de Las Cabezas.

El conductor, algo confuso, se para. “¿Qué habrá ocurrido?” “¿Será una parada rutinaria para pedir la documentación?” Los dos guardias civiles detienen las motos y las apoyan sobre sus patas metálicas. Esperan que se baje el chófer y como si fuesen dos gemelos se colocan delante de él con sus uniformes verdes y sus cascos blancos. Uno de ellos pronuncia unas palabras que aclaran la embarazosa situación:

Ha pisado usted la línea continua en el adelantamiento.

Pero si me han sobrado algunos metros. Pienso que ustedes venían demasiado lejos para ver la maniobra con precisión dijo el perplejo joven.

Es cierto que veníamos algo lejos, pero nosotros conocemos esta carretera como la palma de nuestra mano y podemos asegurarle que usted ha pisado la línea continua contestó el agente.

Es decir que aquí existen dos versiones, la mía y la de ustedes, y está claro cuál es la válida, aunque no sea la verdadera volvió a hablar el presunto infractor.

Mire, le voy a decir algo para no alargar más este diálogo. Al no haber existido peligrosidad para un tercero, le vamos a poner la sanción mínima que son 2.000 pesetas y, si la abona en el periodo voluntario, se le aplicará un descuento concluyó el agente.

Como el hombre sabe que si lleva la contraria a la Guardia Civil la multa irá in crescendo, acepta la propuesta, pero sin firmar la sanción… Faltaría más. De todas formas, con firma o sin firma, el proceso seguirá su curso.

Entran en la venta, se sumergen en el bullicio, aspiran el humo del tabaco de los concurrentes que tienen la costumbre de fumar y perciben el agradable olor a pan tostado que sean dos cafés con leche y dos enteras con aceite y jamón, voceó el camarero―. Degustando el exótico sabor del café, la exquisitez del aceite de oliva, y la grasa del jamón, el hombre se dirige a su esposa y le dice con una miscelánea de enojo y sarcasmo, pero sin perder el buen apetito:

―Nos han puesto una multa “a ojo de buen cubero”.

Con mis mejores deseos, saludos cordiales.

Fernando Monge

fmongef@gmail.com

6/junio/2021


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