domingo, 13 de enero de 2019

CEDA EL PASO


GEMELOS Y RETENCIÓN INFANTIL



El frío mes de enero va llegando a su ecuador. Hace una semana que se cerró el ciclo navideño. Las reuniones con familiares o amigos, las opíparas comidas, las sosegadas o divertidas conversaciones se van disipando en la memoria. Las obligaciones laborales, los socorridos gimnasios, las necesarias gestiones administrativas ocupan, ahora, nuestro tiempo. Los medios de comunicación han ampliado los contenidos de sus últimas noticias. Se ha regularizado la programación de radio y televisión. Los diarios y revistas han vuelto a su habitual grosor. Los aficionados al fútbol vibran de nuevo con la Liga, la Copa del Rey, la Champions, la Europa League, el mercado de fichajes. Nos hemos propuesto perder algunos de los molestos kilos que nos sobran. Poco a poco, recuperamos la normalidad.



Retrocediendo  algunos días, nos trasladamos a una conversación mantenida en una comida con su correspondiente sobremesa. Una cualquiera de las que disfrutamos en las pasadas fiestas…

La charla va pasando de un contenido a otro. De pronto, alguien deja caer una atrayente pregunta:
—¿Y qué diferencia hay entre gemelos y mellizos?

Recopilando los datos aportados por los comensales, incluidos los del autor de este artículo, les voy a hacer una breve exposición de lo más sustancial: la diferencia radica en que los gemelos o gemelos idénticos se originan cuando un espermatozoide fecunda un óvulo… Pasados unos días de la fecundación, el óvulo se divide en dos mitades y cada una de ellas será un gemelo que compartirá con la otra mitad el mismo ADN y el mismo sexo. En cambio, los mellizos o gemelos fraternos son el fruto de dos óvulos fecundados por dos espermatozoides diferentes en un mismo ciclo menstrual y, naturalmente, tienen distinto ADN y pueden tener sexos diferentes. Conviene aclarar que,  como no hay regla sin excepción, podrían nacer gemelos de distinto sexo y hasta trigemelos, pero esas particularidades, y otras que se podrían presentar, nos llevarían a un estudio más profundo de la gestación…

—Estoy pensando que si llevar un niño en el coche conlleva un cierto engorro, no me quiero ni imaginar lo que sería llevar gemelos o mellizos —dice un conversador con la ávida intención de continuar animando la tertulia.

Como la referida tertulia dio para mucho, vamos a sintetizar: En un vehículo, los niños deberán ir siempre sujetos con un sistema de retención infantil (SRI) adecuado a su tamaño y peso. Es aconsejable utilizar sillas homologadas, adquirirlas en centros especializados y comprobar los anclajes de nuestro vehículo antes de montarla. Deberán ser colocadas en las plazas traseras. Se recomienda llevar al niño en sentido contrario a la marcha el mayor tiempo posible y ajustar bien los arneses. Cuando los niños son mayores, son muy convenientes las sillas con respaldo. No debemos poner, junto a los pequeños, objetos sueltos, equipaje o mascotas. En caso de accidente, siempre que sea posible, se deberá sacar al menor del coche en su sistema de retención infantil… Si ocurre que son mellizos o gemelos, habrá que llevar dos retenciones. No queda otro remedio. Y no se preocupen que el mercado, siempre alerta, tiene sillas adecuadas para cuando se presenta esa ocasión. Un espejo retrovisor que permita ver los asientos traseros genera tranquilidad…

Se termina la conversación. Ha llegado el momento de la recogida. Los comensales nos vamos levantado de nuestras sillas. Miramos el respaldo, recogemos y nos colocamos los abrigos, chaquetones, chaquetas, bufandas, gorros de lana… Echamos una ojeada a la mesa, nos tocamos los bolsillos, miramos en los bolsos… No queremos dejar nada en el olvido: teléfonos móviles, cajetillas de tabaco, encendedores, llaves del coche… Los que tenemos que conducir nos hemos cuidado de no ingerir alcohol; en algunos casos, un vino o una cerveza en el transcurso de toda la velada.

Porque les puedo asegurar que nunca me pongo al volante de un vehículo después de tomar bebidas alcohólicas, y las personas con las que comparto mesa y mantel, familiares o amigos, tampoco lo hacen. No pretendo dar lecciones de responsabilidad vial con estas palabras, ni creo que mis compañeros de mesa tengan, ni mucho menos, esa intención. Puede que nos mueva el instinto de conservación, y hasta es posible que haya una cierta dosis de temor a la sanción económica o a la pérdida de puntos en el carné, pero lo cierto es que se conduce con una pasmosa tranquilidad y, al mismo tiempo, estamos aportando nuestro granito de arena a una circulación más segura, con menos accidentes y eso, indudablemente, redundará en beneficio de todas las personas que vamos en coche o caminamos por la vía pública.

Con mis mejores deseos, saludos cordiales.

Fernando Monge
13/enero/2019
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